CUARTO CRECIENTE MÉXICO


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Personajes de mi Pueblo

Año III Número 40 Mayo

LA ASOMBROSA TRIBU ZUNKAHUANKA
ES ORGULLOSAMENTE ATIZAPENSE…



Enrique BRINGAS LÓPEZ


*** “El valor, la fuerza, la toma de decisiones, la entrega, todo se lo debo a los caballos a quienes amo porque me han enseñado todo; ellos son mis grandes maestros” afirma Martha Iliana Huerta Chávez…

Entre las tradiciones más conocidas de la vida nacional está sin duda,
la fiesta charra y sus charreadas donde los actores reproducen en el ruedo y la manga algunas faenas que suelen hacerse en el campo mexicano… Los caballos son elemento imprescindible para tal espectáculo que, con el transcurso del tiempo se ha singularizado por las diversas suertes donde el jinete muestra su dominio sobre el equino…
Del mismo modo, parte fundamental por su vistosidad y espectacularidad de las charreadas es la actuación de las célebres
escaramuzas charras a cargo de jovencitas que, ataviadas –sobre todo- al estilo alteñas de Jalisco, ejecutan atractivas y no menos arriesgadas suertes al ritmo de la música…
A mediados de los años setenta del siglo pasado surgió en Atizapán de Zaragoza un grupo que atrajo la atención de los asistentes a las fiestas charras: la
Tribu Zunkahuanka liderado por Martha Iliana Huerta Chávez, hija del siempre recordado Joselito Huerta, la gran figura de la torería mundial…

ZUNKAHUANKA, explica la creadora de este grupo, es un término de la lengua siux hablada por los indígenas de esa nación del actual territorio estadunidense, que se traduce como caballo…




Agrega que siempre le ha llamado mucho la atención la forma de vivir; la cultura de los habitantes anteriores a la conquista hispana en este continente, y en particular la de los indígenas siux pues es admirable su filosofía de vida y su amor por los caballos a quienes prodigaban veneración y compañía… Los cuidaban con gran esmero pues los nobles animales formaban parte de su ser; no olvidemos que los siux fueron formidables jinetes…
Destaca que con esa idea, cuando decidimos crear la escaramuza, parte de la Asociación de Charros Joselito Huerta, pensé que debíamos ser diferentes y así nació la idea de vestir ropaje indígena y montar al estilo de los antiguos siux…
Iliana recuerda que ella empezó a montar a caballo desde muy niña como parte de su vida al lado de su padre, don José Huerta Rivera, y por ello en su adolescencia fue integrante de la escaramuza de dicha asociación, pero su espíritu inquieto, creativo e innovador la impulsó a concebir algo distinto del resto de las escaramuzas, cuyas integrantes salen al ruedo vistiendo el típico ropaje de las alteñas de Jalisco…
Empecé dice Iliana, a buscar algún otro espectáculo con caballos que pudiese darse en el marco de una charreada… Ya existía una escaramuza india, la Rarámuri del estado de Chihuahua… Sus integrantes vestían el atuendo de su grupo étnico, aunque hacían las mismas rutinas del resto de las escaramuzas…
En una ocasión, su padre fue a torear a ese enorme estado del Norte de la República; Iliana lo acompañó y así entró en contacto con las jóvenes de la escaramuza rarámuri.. De esta forma nació, en principio la idea pues
pensé en hacer algo diferente, no como ellas; no era copiarlas sino crear algo que por novedoso interesara a la gente”…
Hace énfasis en que la característica de su grupo fue montar “a pelo” y hacer suertes a gran velocidad, además de incluir ejercicios de mayor grado de dificultad como la “parada india” y el paso de la muerte, tradicionalmente consumada por varones…
Las fundadoras de Zunkahuanka fueron, entre otras, Mily Lomelí, Azucena Saldaña, Gabiela Ortúzar, Mayté, que era la más pequeña y Gloria Núñez…Con gratitud menciona el nombre de don Hilarión Ramírez, su instructor en aquella etapa inicial…
En 1975 se presentaron públicamente en un desfile cívico en Atizapán de Zaragoza, donde era alcalde don José Huerta Rivera, pero su primera actuación como Tribu Zunkahuanka fue un día muy especial: cuando se inauguró el lienzo charro Joselito Huerta y también se festejaba el onomástico del León de Tetela, el 19 de marzo…
Con evidente emoción subraya que
no le dijimos nada; inclusive desfilamos vestidas de adelitas y mientras llegaba el momento de nuestra participación, nos fuimos al cerro a cambiar vestuario, por lo que en el momento adecuado, entramos al lienzo con esos atavíos, causando la sorpresa del homenajeado y de quienes en gran número lo acompañaban… Fue algo digno de recordarse por el impacto que causamos… Puede decirse que así se inició la gran etapa de nuestra escaramuza india…



También menciona que en aquellos tiempos, de cuatro charreadas, acudían a tres ataviadas con la ropa tradicional y una de indias zunkahuanka y a los espectadores les empezó a gustar esa modalidad… De ahí que los organizadores de las charreadas les pedían que actuaran con la modalidad india… Sucedió entonces al revés: más veces iba la tribu zunkahuanka y cada vez menos la escaramuza tradicional…
Durante la existencia de su grupo participaron en decenas de charreadas, siempre recibiendo el aplaudo y la admiración de los espectadores… Iniciaron en 1975 y se retiraron en 1997 debido a que, como dicta la vida, las jóvenes integrantes crecieron y tomaron otros rumbos… Las más se casaron, otras fueron a la Universidad y ello hacía más difícil practicar en grupo en forma exhaustiva, muchas veces hasta en la noche…
Con legítimo orgullo, Iliana Huerta reconoce que en esos casi veinte años conquistaron un lugar muy importante en la charrería nacional…
Sin ánimo de presumir, fuimos uno de los mejores espectáculos, de tal modo que actuamos en el extranjero: Cuba y Venezuela, concretamente…
Para ellas el ejemplo de honestidad, entrega y responsabilidad sentado por ese figurón del toreo llamado Joselito Huerta fue decisivo…
Decía que si era difícil llegar a la cumbre, mucho más lo era mantenerse ahí, y yo entendí esa lección y la puse en práctica con la Tribu…
Como torero y como ser humano, Joselito Huerta practicaba la filosofía de que
siempre hay que dar todo, siempre, no importa el lugar ni las condiciones…
Iliana afirma que quizá el público de tal o cual pueblo no fuera exigente y pensábamos,
si tenemos un accidente aquí, no hay hospital, y planeábamos protegernos haciendo las rutinas a menor velocidad, pero llegaba mi padre y nos decía que la gente iba a ver el espectáculo completo, <así que deben hacerlo igual que en todas partes> por lo que nos arriesgábamos igual que si fuera el escenario de un congreso charro… Con el transcurso de los años las condiciones humanas cambiaron pues algunas se casaron, otras fueron a la universidad por lo que se tomó la difícil decisión de cerrar la brillante página y terminar en la gloria antes de empezar a decaer…
Al hojear los álbumes donde pueden verse cientos de fotografías y recortes periodísticos, Iliana Huerta destaca que entre sus vistosas ejecuciones está el paso de la muerte y la parada india, ambas suertes de alto riesgo, y explica que la parada india
se hacía al más puro estilo siux: con el caballo sin freno ni control y la jinete debía controlarlo y frenar el galope con su cuerpo…Era simplemente espectacular y la gente se emocionaba hasta lo indecible…La velocidad era importante... Hubo no pocas ocasiones en que salían chispas de los cascos de los caballos…



No puede menos que recordar otras suertes igualmente espectaculares como las escaleras donde íbamos a todo galope desde el partidero o manga del lienzo para encontrarse con el otro grupo que estaba en el ruedo… En ocasiones ni siquiera veíamos al otro caballo; era necesario medir muy bien las distancias para evitar accidentes… Los peines, el abanico y las trenzas también son de gran vistosidad por el riesgo existente… En general practicábamos ejercicios donde el espectáculo consistía en todo lo que tuviera contacto cercano entre un caballo y otro…

Tantos años de participar en eventos charros no podían estar exentos de accidentes, y así, Iliana Huerta no oculta su emoción al rememorar aquel congreso celebrado en la ciudad de Puebla, cuando el entusiasmo de los asistentes al ver el magnífico espectáculo, dio como resultado que alguien del público lanzara como señal de homenaje y al más puro estilo taurino, un sombrero en el momento en que un caballo iba a cruzarse con el de la capitana, por lo que el equino se asustó e hizo movimiento raro y con el hueso del anca golpeó su pierna, derribándola de la montura y lesionándola en la rodilla;
lesión que permanece pues hubo rotura de ligamentos… La otra chica también cayó y sufrió una fractura… Minutos después hubo un choque muy espectacular dejando lastimados a una jineta y un caballo Fue una actuación muy accidentada y sin embargo, a los ocho días repitieron su actuación en el mismo escenario… Sin embargo, la hija del León de Tetela subraya: se trató, sin duda, de una de las actuaciones más accidentadas y dramáticos de la tribu…



Al recordar las muchas hazañas protagonizadas por las asombrosas jóvenes que en casi dos décadas dieron esplendor a la fiesta charra y, desde luego, a Atizapán de Zaragoza, su “cuna” natal, sobre todo considerando que montaban a pelo; esto es, sin silla bien asegurada sobre el lomo del noble equino, quisimos saber la opinión de la creadora y capitana de este equipo de trabajo, Iliana Huerta Chávez, quien afirmó: montar a pelo es hacerlo con más libertad, es estar en contacto directo con el caballo, sentir su calor corporal, su fuerza, sus movimientos, respiración, corazón, adrenalina… Es la plena comunicación entre jinete y caballo; sentirlo a flor de piel… Para mí es una sensación muy especial que ahora lo aplico en la práctica de profesional de la equinoterapia… Sin duda es un deporte de adrenalina pues en verdad se trata de estártela jugando; es comprobar que el caballo está sintiendo lo mismo que tú, cómo está vibrando en la misma frecuencia que tú, cómo está dando el corazón y mucho más… Montar con silla tiene su tiene su chiste, es también muy bonito, pero estás sobre una silla, sobre todo en una albarda que te coloca mucho más arriba que el lomo del caballo… Para mí, hacerlo <a pelo> significa esta entrega, esta combinación perfecta entre el ser humano y el equino… es un sentimiento de libertad e inclusive de seguridad aunque parezca contradictorio, porque en un accidente el jinete sale volando y sobre una silla hay el riesgo de quedar atrapado… Es una sensación de libertad que requiere de mucha fuerza, de mucha práctica porque sostenerse a esa velocidad no es nada fácil…



En la formación de Iliana Huerta como ser humano, como arriesgada jineta y ahora como profesional de la equinoterapia intervinieron mucho doña Martha, su madre, y sobre todo la gran figura del toreo mundial que fue Joselito Huerta… Mi padre fue de darlo todo en el ruedo, de echar p’alante siempre, de entregar todo a quienes pagaban un boleto para verlo vestido de luces o de charro, antes de pensar en su propio físico… Mi mamá era muy exigente… Tratábamos de hacer las suertes con la mayor velocidad posible, y muchas veces subíamos al tendido y nos decía “iban despacito, como que les faltó no sé qué… Siempre veía algo que podíamos mejorar. Las madres de las chicas del primer grupo también eran muy exigentes. Compartían la mística de “sal a dar todo” y eso nos hizo ser un equipo fuerte y triunfador…
La indudable líder de la tribu Zunkahuanka reconoce que era muy miedosa y sufría antes de subir al caballo y así, en el momento en que tuvo que formar parte de la escaramuza de la asociación de charros Joselito Huerta se lo pensó mucho antes de decidirse… Si en ese momento alguien me hubiera dicho que iba a lograr lo que logró y que me dedicaría formalmente a ello, me hubiera reído…
Con la modestia que es sinónimo de grandeza, Iliana Huerta admite que el valor, la fuerza, la toma de decisiones, la entrega a lo que hace,
todo se lo debo a los caballos a quienes amo porque me han enseñado todo… Ellos son mis grandes maestros, Aun amo en la memoria a <Recuerdo>, un hermoso caballo comprado en la ganadería de Pastejé, y a <Gallito>, con el que cerremos la etapa de la tribu, rubrica…
Entre tantas añoranzas que acudieron a la mente de Iliana durante esta agradable plática, la amazona atizapense destaca una quizá como la más importante… Esa primera ocasión como regalo de onomástico a su padre, pero en forma especial la de un congreso celebrado en la ciudad de Puebla… Se habían cambiado artículos al reglamento de la Federación de Charros, aplicables a calificar la participación de las escaramuzas, destacando que las integrantes deberían salir ataviadas con el tradicional vestido de
Adelita, además, quería obligarnos a montar sobre albarda, cuestiones que no aceptaron… Por ello el dirigente marginó a la tribu india y prácticamente les prohibió presentarse en charreadas oficiales… Así pasó un año, y al siguiente de su gestión se celebró el Congreso nacional en Puebla, donde el gobernador invitó a la tribu Zunkahuanka...
Acepté gustosa la invitación del mandatario poblano pero solicité una fecha en la noche pues no deseaba quitar espacios a nadie y pedí que todo lo que se recaudara se destinara a la labor altruista del DIF…
Y sigue la evocación… Esa noche mi papá toreó un novillo y nosotros actuamos como Tribu Zunkahuanka… Por cierto, supe que por nuestra forma de vestir, la gente de poder prohibía a las muchachas que asistieran…. Fue una noche en que hacía mucho frío pese a lo cual las tribunas estaban a reventar…. Llevamos un grupo de danzantes indígenas con música en vivo y nos presentamos con una antorcha en la mano para iniciar el espectáculo… Ellos empezaron a tocar y danzar en el centro del ruedo… En el momento indicado encendí mi antorcha en el fuego de ellos y de ahí lo comuniqué a las del resto del grupo, luego de lo cual nos arrancamos a todo galope…



Los danzantes se ubicaron en torno al ruedo tocando en vivo y nosotros actuando… Creo que fue la mejor y más espectacular y pese a la bajísima temperatura, nos satisfizo ver durante toda nuestra actuación a la gente aplaudiéndonos de pie...
Por eso y mucho más, la sensacional Tribu Zunkahuanka es un ¡personaje de mi pueblo…!






ebrinlop@revistacuartocreciente.com
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